
No estaba segura de si iba sobrevivir a tremenda caída, tal vez si, tal vez no, pero no quería apreciar mi muerte, quería pensar en momentos que me llenaran el corazón de alegría, y así lo hice.
Detrás de mis párpados me observé a mí en navidad, yo tenía aproximadamente ocho años de edad. Recuerdo haber levantado muy temprano a mis padres para abrir los regalos que había llevado Santa a nuestro hogar. Yo era la más emocionada por supuesto, no dejaba de saltar y reír por todo lo que me habían traído. Una muñeca enorme, casi de mi tamaño, me habían traído el micro hornito para hacer mis pasteles, y hasta ropa. Fue una navidad maravillosa. También recordé a… ¿Cómo se llamaba? Hacía bastante tiempo que no pensaba en él, que hasta el nombre se me había borrado de la mente, sin embargo él fue muy importante en mi niñez. Solíamos jugar a demasiadas cosas, con los otros niños del barrio.
Nos entreteníamos jugando a las escondidas, jugando basquetbol, e incluso recuerdo una vez haber obligado a ese chico, a vestirse de superhéroe, mientras yo era la chica hermosa que estaba en aprietos. Fue mi mejor amigo, pero… no sé que sucedió exactamente con él.
Mis padres dijeron que su familia se había mudado, supongo que por eso me olvidé de su nombre, porque no fue siquiera a despedirse de mi.
Fue demasiado fácil recordar todos aquellos momentos, siempre lo han dicho ¿no es cierto? Todo mundo ve pasar su vida frente a sus ojos, cuando la hora ha llegado. Lo asimile para bien, sin rencores ni nada. Solamente quería pedirle perdón a… Zachary, mi hermano.
Sentí como volaba por unos segundos, y después unos brazos me sostuvieron. Escuché un quejido a mis espaldas, no estaba segura de quién se trataba, pero lo supuse. Abrí los ojos rápidamente, y me moví a un costado, para ver a quien había dañado. Zachary estaba ahí tirado, retorciéndose de dolor. Seguro sostenerme para que no me cayera le había roto algo, por lo menos.
Tome mis piernas entre mis brazos y espere lo peor. Sabía que Zachary no tardaría en regañarme, gritarme, decirme loca desquiciada o algo por el estilo. Lo observe con atención. Sus ojos se encontraban cerrados, y poco a poco se fue enderezando. Paso su mano por entre su cabello, buscando algún golpe que se haya dado en la cabeza. Yo me sentía mal, no esperaba sobrevivir—por una parte— a esa caída, y la otra era, por haber herido a mí “supuesto hermano”. Yo solo quería que me dejaran en paz, que me dejara disfrutar de mi dolor, y no intentara ayudarme.
Lancé un suspiro al aire, y fue cuando me di cuenta que Zachary me estaba mirando. Las lágrimas ya estaban ahí por supuesto, no se porque siempre me gana el sentimiento cuando el esta presente, aunque Zachary no parece un acosador, le tengo miedo, y lo peor del caso es que no se la razón.
Escondí mi rostro entre mis piernas, y fue cuando lo oí hablar.

— ¿Te encuentras bien Azzi?—me preguntó.
— ¿Por qué todo mundo me pregunta lo mismo? —murmuré aun con la cabeza oculta.
— Todos nos preocupamos por ti—suspiro—Eso es todo.
Alcé la vista hacia él, y su imagen se hizo borrosa frente a mis ojos.
— No me gusta que lo hagan—respondí con sinceridad tallándome los ojos.
— Azalea —negó con la cabeza, divertido— ¿Por qué siempre has sido tan testaruda?
Lo fulmine con la mirada.
— Bueno, te ves mejor enojada que
— No me molestes Zachary, déjame sola—le pedí.
— No, no me iré, si me voy podrías volver a intentar esa tontería.
Puse los ojos en blanco.
— Para tu información, no intentaba aventarme.
— Lo sé—dijo con total seguridad—Te conozco bastante Azalea y sé que no harías una tontería, porque no quieres lastimarme.
Lo mire boquiabierta ¡El ni siquiera me importa! ¿O si? ¡El que sabe! ¡¿Cómo puede saber que me importa?!
— ¿Le atine? —sonrío de oreja a oreja, mostrando sus dientes completamente blancos, inclusive pensé que brillaban, como esos comerciales de Colgate. Su sonrisa era perfecta.
— Claro que no—estire mis piernas, y chocaron con las de él, que aun se encontraba sentado—Tu no sabes nada de mi.
— ¿Quieres apostar? —enarco una ceja.
— ¿Cuál es mi color favorito? —pregunté retándolo.
— No tienes uno favorito. Pero el rosa lo usas mucho en tu ropa.
Parpadee un par de veces e hice una mueca.
— Además de que eres una pésima mentirosa.
Me mordí el labio. ¿De donde había sacado tanta información? Pero esta pregunta seguro, no iba a poder responderla. Esa ni siquiera mis padres la sabían.
— ¿Con quien di mi primer beso? —pregunté suspicaz.
Lo observé divertida, y por un momento vi algo en sus movimientos que me confundió. Había desviado sus ojos de mi y por un momento creí ver un tono rojizo en sus mejillas, después de la nada empezó a reír.
— ¿Qué es tan gracioso? —pregunté sin entender.
— ¿De verdad quieres que te responda? O ¿deseas que lo dejemos así?
— Si me dices eso, es porque realmente no me conoces, nadie…
— Alexander—respondió interrumpiendo me—Tu debías tener… ¿nueve? Quizás diez años. Ambos estaban jugando a las escondidas con los demás chicos en la casa de uno de sus vecinos—me sonrío burlonamente— A ambos se les ocurrió esconderse en el cuarto de lavado, en un pequeño espacio entre la lavadora y la secadora… ¿Continuo? —preguntó después de ver mi expresión en el rostro.
— ¡¿Quién rayos eres?! —dije con los ojos como platos—Es enserio… Zachary, ¡Nadie sabe sobre eso!
— Eso es información clasificada de hermanos ¿No crees? Por si dudabas que lo fuéramos.
— Pero es que es imposible…—dije posando mis manos sobre la cabeza.
— Puedo explicarte todo, pero primero debo preguntarte algo—se levantó del suelo y solo se agacho lo suficiente para que nos miráramos de frente— ¿Confías en mi? —me ofreció la mano y yo lo mire dudosa pero la tome, apreciando nuevamente esa corriente por todo el brazo—Esa es mi pequeña.
Aquel sobre nombre me exalto, me sentí rara, y era como si tuviera un deja vu, pero nadie, incluso mis padres, nunca me llamaron así.
— No tengo cinco años, por si deseas saberlo—dije a regañadientes.
— Pues te portas como si los tuvieras—me acarició mi enmarañado cabello.
— Ahora entiendo porque nunca quise un hermano—dije entre dientes, y el soltó una sonora carcajada.
— Pues que lastima, porque yo fui el mayor, y yo nunca quise una hermana.
Torcí la boca y me crucé de brazos ofendida.
— ¿Por lo menos sabes si esa palabra existe? —preguntó divertido, a lo que yo simplemente bufé— Azalea, solo bromeaba, No he estado contigo desde hace años, y te extrañe—tomo mis manos entre las suyas, y después me beso la frente, algo que realmente me hacia sentir incómoda.
— Deja de fingir— me separé un poco de él—No pasamos nunca tiempo juntos, no sabía siquiera de tu existencia, no puedes quererme como dices—dije fastidiada de tanto amor.
— ¿Por qué no lo crees? —murmuro mordiéndose el labio.
— El cariño se gana, nosotros no hemos pasado tiempo juntos, y aunque sepas —inexplicadamente—cosas sobre mí, no quiere decir que yo te considere mi hermano.
— Lo entiendo—se encogió de hombros—no recuerdas nada sobre nosotros, y esta bien, no importa. Hare lo necesario para que estés a salvo.
— ¡No necesito que nadie me salve! ¡¿Por qué todo mundo quiere hacerlo?! —dije con la rabia hasta el tope— No quiero que sanes este dolor Zachary, no quiero.
— ¡Tu que sabes! —dije tratando de separarme de él, pero no me dejo.
— Ambos perdimos a nuestros padres, tu dolor es el mió.
— Ya déjame acosador—dije sollozando, y de nuevo el río, pero había una nota de tristeza en esa risa.
— Te quiero—susurro sobre mi oído, provocando que me soltara a llorar, aunque no sabía porque razón. ¿Por tristeza? ¿Por rabia? No estaba segura.
Permanecí en sus brazos, llenando su saco negro con mis lágrimas, después de unos segundos, le devolví el abrazo, y aquel aroma que estaba experimentando, se me hacia extrañamente familiar. ¿Entonces si conocí a mi hermano? ¿Es por eso que siento esta aplastante sensación en el estomago?
No tuve tiempo de seguir con el hilo de mis pensamientos, puesto que un molesto sonido, parecido a una tos, me bajo de la realidad. Me separé de Zachary, y observé a Jeremy justo en la ventana por donde yo había salido. Su mirada era inexpresiva, y parecía que apretaba un poco los puños, incluso su voz sonó áspera.
— Lamento la interrupción—dijo con una mediana sonrisa—Pero… —carraspeó unos segundos—Mi… hermana ya tiene hambre, solo que… no quiere empezar sin ustedes.
— Claro Jer—dije limpiándome con la manga de mi suéter—Ya vamos.
— Será mejor que vayamos, antes de que tu novio me golpee—dijo mi hermano—nunca me acostumbraría a llamarlo así—borrando también la evidencia de sus lágrimas.
— ¿De que hablas? —pregunté extrañada.
— Hay Azzie, te dije que no sabes mentir—poso su mano sobre mi espalda, y me dirigió hasta el pequeño comedor, para cenar nuestras hamburguesas junto a mis amigos.
La cena fue completamente normal, ocasionalmente conversábamos, pero principalmente la platicaba se enfocaba en mi compañero Zachary, que por lo visto traía a mi amiga en las nubes, porque incluso comiendo su hamburguesa, no le quitaba la mirada de encima.
Eso me hizo sentir incomoda, así que tuve que darle un pequeño golpecito a mi amiga para que reaccionara, lo que ocasiono un ataque de risas porque aventó su bolsa de papas fritas, hacia mi ya, raro hermano.
Poco después mis amigos se fueron, prometieron venir a visitarme mañana, para que saliéramos a comer un helado, y así invitar a mis otros amigos del colegio. Sinceramente le pedí a Melody que sacará eso de su cabeza, no deseaba ser la lástima de nadie.
— Tal vez sea mejor que duermas, no has estado bien últimamente—me sugirió, cuando estuvimos solos.
— No tengo sueño—le respondí a Zachary, mientras veíamos una película en el sillón azul—Además tu has quedado de contarme todo, no dormiré sin tener esa información.
— No es verdad—mentí, por supuesto que él ya lo sabia, así que puso los ojos en blanco.
— Bien, ¿Por qué no preguntas lo que quieras saber?
Medite sus palabras, y respondí.
— ¿Qué hacías en mi casa el día del incendio?
— Tus padres…—se corrigió—Nuestros padres, decidieron que era hora de vernos. Era sorpresa. Iban a decírtelo todo ese día, pero…ya vez lo que paso.
— Debieron decirme—murmuré algo molesta, más bien era tristeza, o quizás decepción.
— Azzie, yo tuve que irme un tiempo del país, nos separaron de pequeños—se encogió de hombros—Es por eso que tienes vagos recuerdos de nosotros—sonrío con tristeza—Pero siempre estuve al pendiente de ti.
— ¿Pero por qué mentirme? —hice una mueca—No tenían por qué hacerlo.
— No querían lastimar a su princesa. No querían que tuvieras que extrañar a un hermano que nunca podrías ver ni en vacaciones navideñas—río un poco.
— ¡¿Pero por qué?! ¿Por qué te fuiste Zachary? —dije algo desesperada. Yo siempre quise tener un
— Pequeña—me acarició la mejilla—Yo… tenía un sueño, y para cumplirlo, tuve que sacrificar muchas cosas, entre ellas a ti. Y de verdad, no sabes como me arrepentí de ello. No pude siquiera estar en tus quince años—hizo una mueca.
— No te perdiste de gran cosa—dije avergonzada—Te salvaste de escuchar el sermón de mi… nuestro padre—sonreí.
— Debió ser maravilloso, recordar todos los momentos que marcaron tu vida.
— O mas bien los momentos vergonzosos que hice, y que jamás olvidarían todos mis amigos—el río—Ojala todo fuera diferente—suspire.
— Hermosa, he oído que las cosas suceden por alguna razón… nos enseñan a superarnos.
— ¿Crees que el estar nuestros padres muertos…? ¿Me ayudara a superarme? ¡¿De que planeta vienes Zachary?!
— Pequeña escucha.
— Ya no quiero oír más. Me iré a dormir—me levanté del sillón, pero sentí la mano de Zachary sobre la mía, y me gire hacia él.
Al día siguiente, me sentí realmente extraña, creo que de alguna forma no iba a poder traspasar toda aquella información. Me quede sin padres, y ahora tengo un hermano, que al parecer nunca le importo pasar tiempo conmigo. ¡Vaya hermano! Para mi seguía siendo un desconocido, y aun me daba miedo, porque él sabía bastantes cosas sobre mí, y yo solamente sabía su nombre. Eso me dejaba expuesta. Así que ese día estaba dispuesta a actualizarme, y saber todo sobre él.
Yo me levanté temprano, me coloque un juego de ropa sencillo. Unos jeans acampanados, y una blusa amarilla con la frase “Shining like a star” claro, aunque ahora me sentía mas apagada que nada.
Cuando salí de la habitación, me encontré con una extraña escena. En el comedor estaba sentado Zachary, con unas bermudas y una playera sin mangas, que me hizo notar la forma de sus brazos, que estaban bien marcados, al igual que su pecho. Me avergoncé de mirar aquello, así que desvié mi vista a nuestra visitante, era la Barbie secretaría.
— Azalea, me alegro que estés despierta—murmuro Zachary levantándose de la silla— ¿Recuerdas a Kathleen?
— Si, la recuerdo—murmuré desconcertada por su visita— ¿La podemos ayudar en algo?

— Azzie—me regaño Zachary, como si le hubiera faltado al respeto.
— Buenos días señorita Pierce. He venido a dar lectura al testamento de sus padres.
Hay no…
— Ven—me ofreció a sentarme, y así lo hice.
Estaba molesta, claro que lo estaba. Desde temprano y la Barbie ya me había arruinado la mañana, además de que Zachary ni tenía la decencia de vestirse, un poco más decente.
La licenciada empezó a dar lectura al testamento, y yo la verdad no ponía del todo atención, sentía que todo era bla, bla, bla hasta que oí el nombre de él.
— …le otorgó el cincuenta por ciento de mis pertenencias y propiedades, a mi hijo Zachary Alexander Pierce, para que continúe con su sueño, y crezca como persona.
Mire ese momento a Zachary y parecía ilusionado, y tal vez agradecido.
— Y a mi hija Azalea Meredith Pierce le otorgo el otro cincuenta por ciento. Podrá obtener mis pertenecías solo con las siguientes clausulas:
¡¿Cómo?! ¡¿Clausulas?!
— Uno: Deberá terminar una carrera profesional—puse los ojos en blanco, mi padre realmente no confiaba que hiciera algo bueno de mi vida—Dos: Los bienes que ha ella otorgo, deberán ser administrados por m hijo Zachary Pierce— ¡¿Qué?! ¿Acaso mi padre estaba tomado?! —Y tercero: Deberá estar casada, por lo menos por el civil, para poder ser viable a mi fortuna.
¡Ahora si que estaba enojada!
— ¡Nunca me casaré! —grité eufórica, levantándome de la mesa— ¡Prefiero morir miserable! ¡Que casarme con un hombre idiota!
Corrí hasta mi habitación, y di un portazo, para que quedara bien claro que no deseaba ser interrumpida, en mi ataque de histeria, siendo el silencio, mi única compañía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario